Glasgow, adulterio plasmado en su heráldica.

Cuenta la leyenda que un rey escocés regaló a su mujer, la reina, un precioso anillo en señal de su amor verdadero.

La reina, que era más de ir de buffet de playa que de pedir plato único, pues a su vez mantenía un romance con uno de los jóvenes pajes, al cual le regaló la apreciada sortija.

El rey que sospechaba de esta aventura, y al percatarse de que la reina no llevaba el preciado regalo, accedió a la cámara del paje y ahí mismo lo encontró sobre una mesita y se deshizo del objeto arrojándolo al río Clyde.

Con la intención de desvelar el adulterio, éste mandó a la reina que le prestara el anillo. La reina fue corriendo al paje a contarle lo sucedido para que se lo devolviera y éste le confesó que no podía devolvérselo, porque creía haberlo perdido.

La reina destrozada le confesó a San Mungo (Patrón de Glasgow) lo sucedido, y éste por señal divina y no por el tradicional detector de metales que te encuentras en la Playa de Gandía, halló el anillo dentro del estómago de un salmón que él mismo había pescado.

Al devolverle la reina al rey el preciado esférico, el rey quedó convencido de que había errado en sus sospechas y se disculpó ante la reina.

Es por eso que los salmones figuran en el escudo de la ciudad con un anillo en la boca, pero de la cornamenta monárquica, ni el santo ni el emblema hablan.

Un anillo para gobernarlos a todos.

Pascual El Santo.

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